Tras leer esta noticia que ha compartido en el grupo de mi familia uno de los sobrinos, no me ha quedado otra que obedecer al impulso de escribir este post.
La noticia habla de la duración de los tratamientos con antibióticos

http://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/salud/2017/07/27/5978ca83e2704efb638b45cf.html

Puf… ¡A buenas horas, mangas verdes!
Yo soy de la promoción 80-85 de Farmacia de Sevilla y entonces ya estudiábamos qué dosis aplicar, de qué antibiótico y para qué germen patógeno. Todo tenía que empezar, claro, por descubrir el germen (había que tomar una muestra al enfermo). A esto le seguía un antibiograma, donde se veía el antibiótico idóneo para acabar con ese germen. Se hacían pruebas para ver la dosis efectiva y el tiempo que tardaba en serlo. Y finalmente se ajustaba la dosis al peso corporal del enfermo.

Nada más lejos de lo que en la práctica se ha venido haciendo: antibióticos de amplio espectro administrados sin pruebas previas (incluso en infecciones NO bacterianas) y con dosis y duración de tratamiento incorrectos. Ahí está el gran problema.

Muchos opinarán que desde que se toma la muestra del enfermo hasta que se conoce el antibiótico de elección y la dosis idónea, la infección puede agravarse; y que por esta razón se ha venido utilizando tan mal la terapia antibiótica. Pero mi opinión es que el Sistema Inmune del ser humano (el gran deprimido del siglo XXI), está para algo. Y probablemente en muchos casos esa espera de dos o tres días para iniciar el tratamiento hubiera conseguido que muchos sanasen por sus propios medios, hubiera conseguido que muchísimas infecciones víricas no se hubieran llegado a tratar nunca con antibióticos y hubiera optimizado el uso de las terapias con antibióticos.

Pero así han ido viniendo las cosas.

Y como en este blog queremos que prime la Naturopatía como enfoque para el mantenimiento de la salud, vamos a dar un truco para no llegar a ser víctimas de una infección o, por lo menos, para ponérselo difícil a las bacterias patógenas.
Lo mejor es comer de manera que nuestro pH se mantenga en la zona neutra-alcalina (7-7,4). Eso aleja las infecciones y otras muchas alteraciones de la salud.

Y para conseguir un pH neutro en nuestro cuerpo, en nuestra sangre, en nuestros tejidos, tenemos que cargar la dieta de frutas y verduras crudas y, a ser posible, sin fotoquímicos.

ok_limon

El limón, por ejemplo, es un gran aliado. Aunque tenga sabor ácido, es alcalinizante.

Y no tengamos tanto miedo a las infecciones: animemos al gran deprimido del siglo XXI haciendo que se sienta útil de vez en cuando.

Pues eso: a cuidarse durante el tiempo que nos quede que estar en este maravilloso lugar que hemos llamado Tierra.

¡Hasta la próxima!

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